Desarrollo urbano

De la demolición al enfriamiento: cómo la renovación urbana puede convertirse en una herramienta de infraestructura para la gestión del riesgo térmico y el desarrollo del stock existente

El verdadero tema de la renovación urbana está pasando de “derribar o no derribar” a “calor y resiliencia”

Un estudio publicado en *npj Environmental Social Sciences* ofrece a la renovación urbana un ángulo poco común, pero cada vez más importante: si la demolición de asentamientos informales realmente enfría la ciudad.

El estudio no se quedó en una evaluación empírica, sino que utilizó el método de diferencias en diferencias, junto con imágenes térmicas infrarrojas del satélite Landsat de 2002 a 2022, para seguir 77 asentamientos informales demolidos en Pekín, Shanghái y Guangzhou, así como 584 نقاط de control. Los resultados muestran que las tres ciudades registraron, tras la demolición, una disminución estadísticamente significativa de la temperatura superficial: 3,04±0,37K en Pekín, 1,09±0,27K en Shanghái y 1,23±0,36K en Guangzhou.

El significado de estos datos no es solo que “la reubicación trae enfriamiento”. Más importante aún, indica que la renovación urbana ya no es solo un problema de desarrollo del suelo o de gobernanza de la vivienda, sino una cuestión integral de infraestructura que involucra al mismo tiempo la gestión del entorno térmico, la reconfiguración de la morfología espacial, la reasignación de servicios públicos y la regeneración de suelo existente.

Por qué este tipo de investigación es importante para la industria de infraestructura

En el contexto de la inversión en infraestructura y el desarrollo urbano, el entorno térmico solía considerarse un tema climático o de salud pública, relativamente distante de las carreteras, el drenaje, la electricidad o la financiación del desarrollo. Pero en las ciudades densas, el riesgo térmico ha entrado cada vez más directamente en las decisiones de infraestructura.

Cuando se demuelen asentamientos informales, la estructura espacial original —de baja altura, densa, con ventilación limitada y escasez de vegetación— se sustituye, y con ello cambian la cobertura superficial urbana y las condiciones de la superficie subyacente. El estudio señala que estas áreas suelen convertirse en “puntos calientes” debido a la alta densidad edificatoria, la falta de árboles y vegetación y la estrechez de los callejones. En otras palabras, la demolición no es solo un paso previo a la regeneración inmobiliaria, sino que también puede formar parte del sistema de gestión térmica de la ciudad.

Esto también explica por qué muchos proyectos de renovación urbana no terminan siendo una simple demolición y reconstrucción, sino que van acompañados de la pavimentación de vías, sistemas de drenaje, franjas verdes, espacios públicos y una disposición edificatoria más organizada. Todos estos elementos actúan en conjunto e influyen en la ventilación urbana, el albedo, la acumulación de calor en la superficie y el confort térmico.

Del efecto de caso a la lógica sistémica: por qué la renovación se parece cada vez más a una inversión en infraestructura

Lo que hace que este estudio merezca atención es que pone el acento en la identificación causal, y no en una simple correlación. Las investigaciones previas solían comparar antes y después de la demolición, o limitarse a análisis espaciales transversales, pero estos métodos difícilmente permiten aislar tres factores de confusión: la urbanización continua, el cambio climático y la superposición de políticas.

Para la investigación en infraestructura, este punto es especialmente crucial. Porque los proyectos de renovación urbana nunca ocurren de forma aislada: normalmente avanzan al mismo tiempo que la concesión de suelo, el desarrollo de áreas, la introducción del transporte ferroviario, la补补ación de servicios públicos, la construcción de ciudades esponja y la reconfiguración funcional de los sectores urbanos. Si no se controlan estas variables de contexto, resulta difícil determinar si el enfriamiento proviene realmente de la demolición en sí, o de un proceso urbano de transformación más amplio.El estudio adopta un marco de diferencias en diferencias precisamente para identificar, en la mayor medida posible, el efecto neto de la intervención de “demolición”. Este giro metodológico, en realidad, también refleja una tendencia en la investigación sobre infraestructuras urbanas: cada vez más acciones de gobernanza urbana empiezan a tratarse como proyectos espaciales medibles, atribuibles y evaluables, en lugar de simples actualizaciones administrativas.

Los asentamientos informales no son periferias, sino la superficie reveladora del coste de la expansión urbana

La importancia de las muestras de Beijing, Shanghái y Guangzhou radica en que representan un fenómeno espacial típico de las megaciudades chinas en su rápido proceso de expansión: una vez que las tierras rurales son absorbidas por el límite urbano, se forman barrios transicionales entre el desarrollo formal y la vivienda informal.

Este tipo de áreas no es raro en las ciudades del Sur global. El estudio también señala en la introducción que los loteamentos de Brasil, los kampongs de Indonesia y otras formas de vivienda informal en regiones de rápida urbanización reflejan mecanismos de crecimiento urbano similares: primero hay una insuficiencia en la provisión de infraestructura formal; después surge la demanda de vivienda, y solo entonces llegan la gobernanza y la transformación.

Desde una perspectiva de desarrollo a largo plazo, esto demuestra que la renovación urbana no consiste simplemente en “limpiar” las zonas antiguas, sino en abordar la deuda histórica acumulada durante la expansión urbana. Los asentamientos informales suelen concentrar población flotante de bajos ingresos, con propiedad compleja, servicios públicos insuficientes e infraestructura débil, pero al mismo tiempo son la interfaz donde más se concentran las contradicciones entre el valor del suelo urbano, la movilidad poblacional y la eficiencia espacial.

Por tanto, la demolición no es solo un reemplazo morfológico; también es una forma en que la ciudad redefine el uso del suelo, las prioridades de inversión pública y los límites del crecimiento futuro.

Detrás del efecto de enfriamiento están la ventilación, la vegetación y la reconfiguración de la infraestructura

Las conclusiones del estudio muestran que, tras la demolición de asentamientos informales, las tres ciudades experimentan un enfriamiento, aunque con distinta magnitud, lo que indica que la forma urbana, las condiciones geográficas y los métodos de renovación alteran el resultado.

La magnitud del enfriamiento es mayor en Beijing, y menor en Shanghái y Guangzhou. Esta diferencia no es sorprendente, porque las estructuras de densidad, las condiciones climáticas, las trayectorias de renovación y los usos del suelo circundante varían entre ciudades. Para el sector de infraestructuras, esto significa que la gestión del calor no puede replicarse mediante un único modelo, sino que debe diseñarse en coordinación con el desarrollo de áreas, la red viaria, el control de la altura edificatoria, la dotación de zonas verdes y los sistemas de drenaje.

Si la renovación urbana tradicional se centraba en el coeficiente de edificabilidad, el precio del suelo y el equilibrio entre demolición y reconstrucción, la renovación urbana actual también debe incorporar como objetivos de ingeniería el confort térmico, el entorno peatonal, la continuidad del espacio público y la adaptación al clima extremo. En particular, en un contexto de aumento de la frecuencia de las olas de calor, el enfriamiento ya no es solo un beneficio ambiental, sino que también afecta la estabilidad residencial, la eficiencia laboral y el gasto en salud pública.

Qué significa esto para las APP, el desarrollo de áreas y la asignación de capital público

Desde la perspectiva de la financiación de proyectos, este tipo de investigación está cambiando silenciosamente la estructura de beneficios de los proyectos de renovación urbana.En el pasado, la lógica de inversión de la renovación urbana giraba más en torno a la valorización del suelo, el desarrollo residencial y la reurbanización comercial; hoy, si se incorporan el riesgo térmico, la mejora de la resiliencia y los beneficios para la salud pública en la evaluación de los proyectos, la composición del valor del proyecto se vuelve más compleja. Las carreteras, las zonas verdes, el drenaje, los espacios públicos comunitarios y la reconfiguración de edificios ya no son solo costos de apoyo, sino que pueden convertirse en gastos de capital fundamentales para mejorar la calidad de los activos urbanos y la estabilidad operativa a largo plazo.

Esto también significa que, en el futuro, más proyectos de renovación urbana se impulsarán de manera combinada:

  • En la fase inicial, el enfoque puede estar en la demolición y la preparación del terreno;
  • En la fase intermedia, se incorporan infraestructuras para subsanar deficiencias, incluidas vías, abastecimiento y drenaje de agua, y suministro eléctrico;
  • En la fase final, se logra la recuperación a largo plazo mediante el desarrollo, la operación y el mantenimiento de los espacios públicos.

Si los gobiernos urbanos quieren vincular la renovación con la adaptación climática, la gestión del riesgo térmico y la mejora del bienestar de la población, el espacio para la APP, la financiación de la ordenación del suelo, el desarrollo integral de áreas y la inversión coordinada en equipamientos públicos se ampliará. Dicho de otro modo, la demolición ya no es solo una acción de desalojo, sino que puede convertirse en el punto de partida de una clase de “infraestructura ambiental urbana”.

De la renovación urbana a la gobernanza térmica, el sistema de evaluación de infraestructuras está cambiando

Lo más valioso de este estudio no es demostrar que la demolición necesariamente reduce la temperatura, sino recordar a los responsables de políticas que la renovación urbana debe integrarse en un sistema de evaluación de infraestructuras más amplio.

En este sistema, los criterios de evaluación no deberían ser únicamente cuánto se demuele o cuánto se construye, sino también:

  • Si se ha reducido la exposición local al calor;
  • Si se han mejorado la ventilación y la cobertura vegetal;
  • Si se ha reforzado la continuidad del espacio público;
  • Si se ha reducido la vulnerabilidad a largo plazo de las zonas de alto riesgo y bajo nivel de servicios;
  • Si se ha generado sinergia con los sistemas de drenaje, electricidad, vialidad y vivienda.

Esta forma de pensar coincide con la tendencia del sector de infraestructuras a nivel mundial: la adaptación climática comienza a integrarse en la lógica central de los activos del desarrollo urbano, y la resiliencia térmica, junto con la resiliencia del drenaje, del transporte y de la red eléctrica, se convierte en un indicador importante para medir la competitividad urbana a largo plazo.

Conclusión: la demolición es solo una acción; la verdadera variable es cómo la ciudad se reorganiza a sí misma

Si solo se mira la superficie, este estudio analiza el cambio de temperatura tras la demolición de asentamientos informales; pero, desde una perspectiva más amplia de infraestructuras, analiza cómo una ciudad se reconfigura espacialmente para adaptarse al aumento del riesgo térmico, a los cambios en la densidad de población y a la transformación de los modelos de desarrollo.

En los casos de Beijing, Shanghái y Guangzhou, la demolición no es el final, sino un nodo en la reconfiguración de la tierra, las infraestructuras y el desempeño ambiental de la ciudad. Para planificadores, inversores y empresas de ingeniería, lo realmente importante no es el cambio a corto plazo entre demoler y construir, sino si, después de la renovación, la ciudad puede formar una red de infraestructuras de mayor calidad, un entorno térmico más estable y una estructura de desarrollo más sostenible.

Por eso, la renovación urbana del futuro se parece cada vez más a una inversión de infraestructura a largo plazo, y no a una operación puntual sobre el suelo.

Descripción SEOBasado en la investigación más reciente de *npj Environmental Social Sciences*, este artículo analiza, desde la perspectiva de la infraestructura y el desarrollo urbano, por qué la demolición de asentamientos informales puede contribuir al enfriamiento de las ciudades y cómo este resultado puede reconfigurar la lógica a largo plazo de la renovación urbana, la gobernanza del riesgo térmico, el desarrollo PPP y la reurbanización de terrenos existentes.

URL de la fuente de información

https://www.nature.com/articles/s44432-026-00009-1

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  1. https://www.nature.com/articles/s44432-026-00009-1Primary

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